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Se pierde una misión de la NASA por un error ridículo de unidades

Una misión clave de la NASA para estudiar el clima de Marte terminó en desastre por un error químicamente imperceptible: la confusión entre unidades. La Mars Climate Orbiter, lanzada en 1998, iba a cumplir funciones científicas y de retransmisión de datos. Pero al acercarse al planeta rojo en septiembre de 1999, desapareció para siempre y se destruyó en la atmósfera marciana debido a un desliz imperdonable.

El origen del problema fue que el equipo de Lockheed Martin empleó el sistema anglosajón —libras y pies— para calcular las fuerzas de los propulsores, mientras que los ingenieros de la NASA esperaban resultados en newtons, del sistema métrico. Esa discrepancia, nada menor, provocó que la nave se desviara cada vez más de la trayectoria prevista, hasta que entró demasiado baja en la atmósfera y no resistió la fricción.

Al final, la sonda pasó a apenas unos decenas de kilómetros sobre la superficie de Marte, en lugar de los 140–150 km previstos, y fue destruida por el roce con las capas más densas de la atmósfera marciana.

Este error no fue solo técnico, sino también organizativo: durante semanas los controladores notaron que la trayectoria requería correcciones excesivas, pero sus alertas no prosperaron. Y todo por una conversión que nunca se validó. El presupuesto de la misión, de entre 125 y 327 millones de dólares, se fue en humo por una falta de chequeo y coordinación entre equipos.

Este episodio es un recordatorio brutal de que incluso los desarrollos más complejos pueden fracasar por detalles que parecen insignificantes. Y que, en exploración espacial, no hay margen para subestimar la importancia de validar, comunicar y verificar cada dato.

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