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Una IA analizó 35 años de terremotos y detectó seis zonas desconocidas en el interior de la Tierra

Un equipo de investigadores de la Academia China de Ciencias utilizó inteligencia artificial para analizar más de dos millones de registros sísmicos recopilados durante casi 35 años y logró identificar seis zonas del interior de la Tierra que hasta ahora no habían sido documentadas.

El estudio se concentró en una de las regiones más inaccesibles del planeta: el límite entre el manto y el núcleo, ubicado a unos 2.900 kilómetros de profundidad. Para estudiar esa zona, los científicos analizaron las ondas generadas por cerca de 5.000 terremotos de magnitud 6 o superior registrados entre 1990 y 2024.

La investigación puso el foco en unas señales extremadamente débiles conocidas como precursores PKP. Estas ondas atraviesan el interior terrestre y pueden desviarse cuando encuentran cambios o irregularidades en los materiales ubicados cerca del límite entre el núcleo y el manto. Su comportamiento permite a los especialistas obtener información indirecta sobre lugares que resulta imposible observar o alcanzar de manera física.

Hasta ahora, detectar estas señales requería una revisión prácticamente manual de enormes cantidades de datos. Para acelerar el proceso, los investigadores desarrollaron un sistema de aprendizaje profundo capaz de distinguir los registros relevantes del ruido sísmico.

El modelo permitió identificar 174.929 señales PKP de alta calidad, alrededor de diez veces más que las reunidas en investigaciones anteriores. Gracias a esa cantidad de información, los científicos pudieron elaborar uno de los mapas más detallados hasta el momento sobre las pequeñas irregularidades existentes en las capas más profundas del planeta.

El análisis reveló además que algunas zonas que anteriormente parecían aisladas podrían formar parte de estructuras mucho más amplias y conectadas. También permitió detectar seis nuevas áreas con una elevada probabilidad de contener materiales o formaciones que alteran el recorrido de las ondas sísmicas.

Estas regiones se encuentran, entre otros puntos, debajo del norte de Eurasia, Asia Central y el Atlántico Sur. Sin embargo, los investigadores remarcaron que no se trata de estructuras observadas directamente, sino de zonas cuya existencia se infiere a partir del comportamiento de las ondas.

Una de las hipótesis es que estas anomalías estén relacionadas con restos de antiguas placas tectónicas que, a lo largo de millones de años, descendieron hacia las profundidades mediante procesos de subducción. También podrían intervenir fenómenos como la fusión parcial de las rocas, transformaciones minerales y diferencias químicas provocadas por las enormes temperaturas y presiones existentes en esa región.

Conocer mejor estas estructuras puede aportar información clave para comprender cómo circula el material en el interior de la Tierra, cómo se transfiere el calor desde las capas profundas y de qué manera estos procesos se relacionan con fenómenos como la actividad volcánica y la evolución de la tectónica de placas.

Los investigadores consideran que las seis zonas identificadas deberán ser estudiadas con nuevas técnicas sísmicas para determinar con mayor precisión su composición, tamaño y origen.

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