YouTube empezó a modificar videos automáticamente sin avisarle a los creadores, aplicando filtros de contraste, nitidez y suavizado visual que generan un estilo artificial. Esas mejoras ocurrieron sin consentimiento y afectaron especialmente a los Shorts, cambiando la estética original del contenido.
Muchos creadores descubrieron los cambios al revisar sus propios videos. User como Mr. Bravo, que sube contenido con estética ochentosa, vio cómo se esfumó el encanto del VHS por el efecto pulido. Otros, como Ret Shull y Rick Beato, advirtieron que sus videos parecían generados por IA, lo que pone en juego la confianza con su audiencia.
Aunque YouTube admitió que se trata de un experimento con aprendizaje automático —no IA generativa— para desenfocar, eliminar ruido y mejorar la claridad, aseguró que eso no justifica la falta de aviso. El problema no es solo técnico: toca el vínculo de transparencia entre la plataforma y quien crea contenido.
Ante el debate, expertos en ética digital remarcan la importancia de que las personas puedan elegir si quieren esas mejoras, y que sepan lo que llega al público. Si algo cambia el contenido más allá de lo superficial, debería informarse claramente.